Viajando alrededor de la tapa, versátil y llena de posibilidades

A veces, tal como dice el dicho en catalán, en el bote más pequeño se encuentra la buena confitura. Una expresión popular que nos viene como anillo al dedo para hablar sobre uno de los platos más nuestros y famoso a escala internacional, la tapa. Es una propuesta tan exportada fuera de nuestras fronteras que si observamos el número de búsquedas por Internet, podemos encontrar más de 142 millones de resultados.

Rodeados de la abundancia y de las incesantes tentaciones culinarias que nos ofrecen, el acto de ir a un bar a compartir momentos y conversaciones alrededor de una caña y unas tapas es sinónimo de fiesta y pasarlo bien. No comemos porque tenemos hambre, comemos por la necesidad de compartir con amigos, compañeros de trabajo o familiares, sin solemnidades, sólo para pasar el tiempo. En 1935 el periodista Juan Ferragut escribía la maravillosa frase “la tapa es una manera distraída de comer sin darse cuenta”.

Sabemos de dónde proviene la tapa?

Ya de entrada nos sorprende que este invento de servir una pequeña porción de comer acompañada de una cervecita o de una copa de vino es bastante reciente, ya que no se empezó a popularizar hasta la segunda década del siglo XX. Si buscamos en el tiempo el origen de la tapa, encontramos una batería de leyendas urbanas y mitos indocumentados que se han ido sucediendo generación tras generación, dado el gran interés que suscita esta oferta gastronómica popular.

Un ejemplo de ello es la de Alfonso X el Sabio, que por unos trastornos intestinales, los galénicos de la corte le recetan evitar los grandes festines de la corte y reducir la ingesta de alimentos. De este patrocinio real se crea una moda que fue asimilada por los nobles y posteriormente, por los plebeyos.

Otra, también relacionada con protagonistas reales (parece que la historia siempre lo escriben los poderosos), es la de los Reyes Católicos, que con tanta campaña de reconquista, necesitaban un avituallamiento frugal entre batalla y batalla. También hay aquella de un rey que viaja a Cádiz y es invitado a un vaso de vino. Debido a la presencia de moscas, el tabernero decide poner una rebanada de embutido sobre el vaso. Y problema solucionado!

Lo que si que está confirmado es que esta costumbre de comer pequeños platillos con varias propuestas culinarias era una tradición de las culturas judías y árabes, pueblos que dejaron una gran herencia en España. Otra reseña documentada la encontramos a la revista Alhambra, publicada en Granada en 1911 donde ya habla de la arraigada costumbre de los andaluces de ir “tapeando” de bar en bar.

Versatilidad en ingredientes

Sea cual sea su origen, la tapa es como un camaleón, que ofrece tal versatilidad que puede ser cocinada con todo tipo de ingredientes, tanto fríos (las más ancestrales), aceitunas, boquerones o embutidos como chorizo o jamón, o calientes, las más elaboradas.

Si viajamos por todo el territorio español, encontramos una gran variedad de oferta de tapas. De hecho, la inmigración proveniente de comunidades autónomas con mucha tradición hace que ciudades como Barcelona se conviertan en generadoras de recetas con fuerte carácter autóctono. Ejemplo de esto es que se suelen servir con pan con tomate, casi cómo si fuera una firma “made in Catalonia”. Figuras catalanas como los hermanos Adrià han sido grandes valedores de la tapa, considerada por ellos como “la franquicia española por excelencia”.

Si viajamos al norte, encontramos los famosos “pintxos”, denominados así por el tradicional palillo que suele atravesar este pequeño bocado para facilitar su ingesta. Al contrario, si viajamos al sur, encontramos en Andalucía una mezcla de conceptos, donde puedes encontrar tanto tapas gratuitas como de pago, y dónde en unos lugares se premiaba la calidad mientras que otros la cantidad.

Listado de recomendaciones

Y para terminar, si lo que se quiere es descubrir propuestas tan vanguardistas como más clásicas por Barcelona, estas son unas cuantas ideas:

Casa de tapes Canyota. Regentado por nuestros peñistas Juan Carlos y Borja Iglesias, proponen una oferta de diversión en un entorno desenfadado y fresco. Un planteamiento totalmente nuevo e innovador.

Bodega 1900. Gran valedor de la tapa, uno de los proyectos de Albert Adrià es este local que ofrece la oportunidad de experimentar con la cocina creativa pero con un toque nostálgico y de barrio.

Taktika Berri. Quizás uno de los mejores bares donde ofrecen pintxos vascos (sin ofender a nadie!). La familia proviene de Donosti y se nota, por su oferta auténtica, como si saliera de los fogones de un “caserío”.

La Taverna del Clínic: Ofrece una oferta de tapas y platillos inmejorable. Con más de 400 referencias de vinos, ofrece un entorno donde disfrutar de buena comida, con aspecto a tasca de barrio de toda la vida.

El Xampanyet: Quizás el bar de tapas preferido por muchas generaciones, con una larga trayectoria. Tapas tradicionales y auténticas por los nostálgicos que quieren degustar cocina de barrio.

La Monroe: Si sois fans de la Filmoteca, seguro que ya lo conocéis. Situado debajo, ofrece tapas de autor con ingredientes de calidad y con un entorno informal, donde pasar un buen rato.

La Cova fumada: En la Barceloneta encontramos este bar con cocina de carbón que ennegrece los techos (de aquí el nombre) donde la proximidad con el mar hace que encontramos tapas marineras buenísimas.

 

Otros restaurantes donde podéis llenaros de tapas y salir satisfechos:

Bodega La Puntual de José Varela y J.C.Ninou, Casa Guinart de Oscar Manresa, L’Òstia de Jaume Muedra, BiBo de Dani García, Sagardi de Lopez Viñaspre, Hotel Duquesa de Cardona de Eduard Torres, Bar Turó o La Plassohla de Romain Fornell, Bar Montesquiu de Javier De Las Muelas, Mextizo de Adria Marin, Informal de Marc Gascons y Jordi Serra, Petit Comité de Nandu Jubany.